martes, 14 de agosto de 2007

CICLO PROBLEMATICO DE BOSQUES

Respuestas de la sociedad costarricense en el Eje Problemático: “Uso y Gestión de Bosques”

Esta información es complemento de:
Torrealba, I y F. Carbonell. 2007. La Cia-Sur: Un Panorama Diferente De La Conservacion Convencional En Costa Rica. Congreso Iberoamericano sobre Desarrollo y Ambiente (CISDA), Universidad Nacional, Heredia, Costa Rica 5-9 Nov. 2007. El cual, a su vez, forma parte de las tesis doctorales de los magister Torrealba y Carbonell, dirigidas por el Dr. Liberio Victorino (UACh, México) del Programa de Doctorado inter-universitario
[1] en Ciencias Naturales para el Desarrollo (DOCINADE), de Costa Rica, México, Nicaragua y Cuba.

Problema: Deforestación Imperdurable

Contexto del problema: Para inicios de siglo XX cuando Costa Rica tenía aún una población menor que en la era indígena, el porcentaje de deforestación se había duplicado (13% en 1900 y 5% en la era indígena)[i]. En los 1970, súbitamente pasamos tal porcentaje, al llegar a tener la mayor tasa de deforestación de Centro América[ii]. Ante los esfuerzos conservacionistas de los 1990s, vía pago de incentivos forestales primero y de servicios ambientales[iii] después (en unos se paga por reforestar y en otros por no deforestar), disminuyó la deforestación. A inicios de siglo XXI se indica que el país tiene de 35 a 45% de cobertura forestal (según la fuente[iv]); pero la cobertura forestal incluye desde pastos hasta cultivos y las imágenes de satélite con las que se estima no son exactas. Tales datos de cobertura generan confusión y desconfianza ante quienes conocen la materia y crean falsas expectativas y opciones de uso, ante quienes no. Debemos estar conscientes que el pasar de ser uno de los países con una elevadísima tasa de deforestación en los 1980s a una de tan sólo 3.000 has/año para el 2000, no implica ni que realmente estemos deforestando tal cifra (por el error satelital podría ser una cifra mayor), ni que hayamos recuperado “bosques” (mucho menos los primarios) en pocos años.

Síntesis del Problema:
La estrategia de confusión con el lenguaje y los números reportados en los datos de deforestación no debe engañarnos. La deforestación a causa de la ambición de una acumulación excesiva sobre la base de una exclusión diferenciada, continua.

Respuestas de la Sociedad Costarricense

Respuesta 1: Es notable la reforestación con Teca (Tectona grandis) y Melina (Gmelina arborea) y eucalipto (Eucalyptus grandis), ambos árboles no nativos que pueden traer varios problemas. La melina no permite el crecimiento de otras especies bajo su plantel, la teca favorece la erosión y escorrentía fuerte y el eucalipto disminuye el aporte de agua a los mantos acuíferos (Baltodano 2000). Esto, sin entrar a los problemas socio-económicos de desplazamientos de grupos no dominantes que a veces están involucrados, como lo fue el caso de la Ston Forestal en la Península de Osa que terminó con la muerte de dos ecologistas apasionados (Hombergh 1999). Todvía hay una gran polémica sobre si el problema es la forma cómo se reforesta con algunas exóticas, pero en los últimos años ha aumentado la reforestación con nativas; un debate completo puede verse en Ambientico (2005).

Comentario a R1: La introducción de especies exóticas que reportan beneficios económicos a un sector exclusivo de la población, sin considerar los riesgos ambientales y sociales que ello implica, no es una respuesta sostenible.

Respuesta 2: Durante el siglo XIX surgen las primeras áreas silvestres protegidas en el continente americano, pero para Costa Rica es en la primera mitad del siglo XX cuando nacen formalmente las primeras: la Reserva Forestal Poás-Irazú (1939) y la Reserva de la Biósfera Braulio Carrillo (1948). Al tenerse como “parques de papel”, es en 1955 cuando se establece el primer Parque Nacional real del país (Volcán Irazú) y en 1963 la primera Reserva Biológica (Cabo Blanco). Al igual que en otras partes, es en los 1970s cuando se impulsa la mayor creación de áreas protegidas[v], justo en la época del apogeo del ganado vacuno que convirtió miles de hectáreas de bosque en pastizales.

Comentario a R2: La promoción de áreas silvestres protegidas escindidas de la gente (enfoque porteccionista), implicaba desde su origen el tener problemas a largo plazo para su conservación. La forma como se implementó esta respuesta no fue la más apropiada.

Respuesta 3: En el país se tiende a confundir el turismo masivo hacia áreas naturales con un ecoturismo, implicando un desarrollo sobre la base de un turismo sostenible. Según Allen Cordero (s/f); ... El capital turístico se revela con fuerza inusitada en algunas economías nacionales, pero es un capital que construye grandes enclaves que reproducen la exclusión social del pasado. El enclave turístico a diferencia del viejo enclave bananero, explota las bellezas naturales de un país, en algunos casos hasta restaura el paisaje natural, pero en términos de la estructura económica la mantiene intacta, se trata del capital transnacional explotando los recursos naturales y humanos... Este auge de un supuesto ecoturismo es promovido por capitales externos e internos y se basa en la preservación de las áreas naturales para disfrute principalmente extranjero.

Comentario a R3: Usar al “ecoturismo” como pantalla para ocultar tanto al turismo masivo, como al enfoque proteccionista, es camuflar el uso de los recursos de la biodiversidad como mercancía. En realidad hay un lavado verde y no un ecoturismo genuino. El irrespeto hacia lo natural es la base de la imperdurabilidad.

Respuesta 4: Aunque el turismo crezca en divisas, sus ganancias rara vez llegan justa y equitativamente hacia los lugareños, primer grupo de interés de un ecoturismo genuino. Este green washing tiene múltiples caras, una de ellas la creciente represión de la cacería -tanto en número de especies como de individuos-, en zonas rurales donde sus pobladores dependen del amisma como fuente de porteínas. Se le reprime cada vez más a la cacería porque la misma no genera tanta ganancia, ni permite las enormes acumulaciones de capital como ocurre con el turismo, ya que no es posible tener en un nárea cada vez más cazadores y cada vez más animales en el corto, ni en el mediano plazo.

Comentario a R4: El green washing genera que veamos a la cacería –aun la de subsistencia- como actividad cruel y violenta, lo cual facilita legislar para reprimirla; a la vez que mercantiliza la fauna para venderla al turista. Se pierden así valores culturales y sociales milenarios, profundamente arraigados en nuestra sociedad y también, análogamente, presentes en sociedades desarrolladas como los franceses y su cacería de caracoles.

Consideraciones finales:

Pese las políticas restrictivas en el uso de los recursos (vía áreas silvestre protegidas o limitaciones a la cacería) o de aparente mejora de los recursos naturales (vía reforestación con especies exóticas o falsa imagen ecoturística del país), en realidad la deforestación y destrucción de la vida silvestre continua por los mismos promotores de dichas políticas. Así, se conceden permisos para infraestructuras turísticas en las costas del pacífico que no sólo deforestan, sino que afectan a varias especies cuya caza está prohibida e inciden en el ser humano, supuestamente primer objeto de su preocupación. Por ejemplo, las luces de dichas construcciones afectan negativamente a las tortugas marinas (cuya caza está prohibida) y la falta de tratamiento de agua en las mismas, va en detrimento no sólo de las especies marinas, sino de la salud humana al incrementarse enormemente los casos de dengue en dichas zonas.

Conclusión:
Para calzar subrepticiamente con el Paradigma de la Sostenibilidad se emplean múltiples estrategias, como: cambio de lenguaje (cobertura forestal vs. bosque, ecoturismo vs. turismo), señales contradictorias (permisos para la destrucción indirecta de especies vs. la veda), entre otras. Sin embargo, ecoturismo genuino y cacería sostenible, así como el uso forestal y la pesca, son usos de la biodiversidad que de ser bien manejados permitirían conservar a la vez que llegar a un desarrollo endógeno, justo y equitativo, con verdadera tendencia hacia la perdurabilidad.

[1] Instituto Tecnológico de Costa Rica, Universidad Nacional y Universidad Estatal a Distancia; Universidad Nacional Autónoma de México y Universidad Autónoma de Chapingo; Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua en León; Universidad Ciégo de Avila e Instituto de Investigación de la Caña de Azúcar.

NOTAS TECNICAS:

[i] Basamos estos datos de deforestación en Fournier (1935) y en cuanto a habitantes indígenas, referimos el dato de al menos unos 400,000 indígenas de la antropóloga María Eugenia Bozzoli, para 1900 aún no se llegaba a esta cifra según datos poblacionales referidos también por Fournier (2000). Fuentes citadas: Fournier (1935), Fournier (2000).

[ii] Para 1970 Costa Rica tenía un 51% de bosques primarios y para 1980 sólo un 29%. Entre 1950 y 1961 la cobertura boscosa natural disminuyó 397.200 hectáreas, de 1961 a 1977 disminuyó 722.100 hectáreas (» 45.131 hectáreas por año) y de 1977 a 1983 perdió 583.900 hectáreas (» 97.317 hectáreas por año). En los 1980s la tasa de deforestación continuó ubicándose a unas 100.000 hectáreas por año entre 1985 y 1988, la más elevada para centroamérica. Fuentes citadas: Molina y Palmer 2005, PEN 2004, Pérez y Protti 1978, Ramírez y Maldonado 1988.

[iii] Se llama Pago por Servicios Ambientales o PSA, al sistema por el cual se reconoce económicamente al propietario de un bosque o área natural relevante su aporte a la conservación y por ende a los “servicios” que presta como captura de carbono, agua y biodiversidad. En 1995 la cantidad de bosques privados protegidos en Costa Rica era de unas 10.000 hectáreas, en parte gracias al sistema de Pago de Servicios Ambientales y en parte por el auge del turismo entre otra confluencia de razones, tal cantidad incrementó a casi 500.000 hectáreas para el 2004. Para el 2005 el gobierno, vía el SINAC (Sistema Nacional de Áreas de Conservación) solamente tiene 643.860 hectáreas en la modalidad de PN o reservas biológicas. Adicionalmente, dentro de ciertas áreas de conservación se da un sistema de compra de tierras expropiadas por el gobierno como áreas silvestres protegidas, vía fundaciones mixtas. En algunas de estas fundaciones mixtas, el peso de la parte “privada” de la fundación es mayor que el de la parte “pública”, por lo que la propietariedad de ciertas áreas silvestres protegidas queda en cierta forma “privatizada”. Fuentes citadas: FONAFIFO 1999, FONAFIFO 2001, La Gaceta 1999, Vargas 2004, Villegas y Hernández 2004, Red Costarricense de Resevas Naturales Privadas; elaboración propia.

[iv] El Programa de Estado de la Nación del 2004 y del 2006 indican que el procentaje de cobertura forestal es del 45 % basados en un reporte hecho pr CATIE-FAO, quienes incurrieron en el error de no incluir en su estimado la deforestación en un 33% del país entre 1992 y el 2000. Otros datos indican un 35% de cobertura (Fallas 2003). Estimamos un 16 % de bosque primario para Costa Rica en el año 2000 similarmente a como lo hicieron Kleinn et al. (2001), salvo que incluimos una corrección por deforestación. Ellos estimaron que para 2/3 partes del país (32.000 Km2 ) había una cobertura forestal del 54,6% y luego extrapolaron el tercio restante con un 25% basándose en un estimado de 6,000 Km2 de la zona norte para 1992. Así para ellos Costa Rica tendría una cobertura forestal de casi el 45% al efectuar la operación (54,6% x 2/3) + (25% x 1/3) = 44,7%. Pero, si tomamos en cuenta que hubo una tasa de deforestación de 12,000 has por año entre 1987 y 1997, la cual de incluir los errores de los pixeles podría incluso ser de hasta 21.000 has (Fallas 2003), podríamos tomar una media de 16.609,5 has/año entre 1992 y 1997. Luego, entre 1997 y el 2000 Fallas (2003) cita una deforestación de 3000 has por año. Kleinn et al. (2001) citan para el 2000 una cobertura de bosque primario del 24,9% para los 2/3 de Costa Rica, con un error estándar del 10,7%. Entonces, si extrapolamos que el tercio faltante del país con una cobertura forestal del 25%, de la cual sólo el 24,9% es bosque primario, tendríamos que sólo 6,22% sería bosque primario en ese tercio. Haciendo el cálculo de (24,9% x 2/3) + (6,22 % x 1/3), tendríamos una cobertura de bosque primario (el preferido para deforestar) del 18,6% o de 950.460 hectáreas a la cual hay que aplicarle la corrección por la superficie deforestada en ese período que serían: 16.609,5 x 6 (años 1992 al 97) + 3.000 x 3 (años 1998 al 2000), lo cual da un total de 108.657 hectáreas deforestadas entre 1992 y el 2000. Esto genera que lo que resta en el país de bosque primario son solamente 841.803 hectáreas para el 2000, lo cual corresponde a un 16,4 % de la superficie del país. Tomando en cuenta los errores en las mediciones y el gran error estándar de 10,7% es fácil presumir que con bastante seguridad lo que resta de bosque primario no es mayor al 16%. Aquí no vale incluir los esfuerzos de reforestación recientes, porque este bosque tarda muchos años para regenerarse. Fuentes citadas: Fallas (2003), Kleinn et al. (2001), PEN (2004 y 2006).

[v] Por ejemplo, en Venezuela entre 1961 y 1979 fueron creados 30 parques nacionales (PN) y monumentos naturales, de los cuales 27 (90%) fueron decretados en los años 1970s. En Costa Rica hasta 1991 habían sido decretados 24 PN y Reservas Biológicas, de las cuales 17 (71%) fueron decretadas en los años 1970s. Así, entre 1966 y 1982 -17 años- se crearon 24 parques nacionales y reservas biológicas y entre 1983 y 1998 -16 años- sólo fueron decretados ocho (algunos de los cuales se habían establecido en los 1970s como reservas forestales y cambiaron de categoría a reserva biológica o parque nacional) (Sistema Nacional de Areas de Conservación, SINAC 1999). Argentina, pionera latina en el establecimiento de PN, había declarado 122 áreas naturales protegidas hasta 1986, de las cuáles 40 fueron decretadas en los 1970s, incluyendo a los parques de mayor extensión – todos con más de 700.000 hectáreas. La situación es similar a lo largo de América Latina, con pocas excepciones de la década de auge, posiblemente dada la presencia de ciertos factores políticos en algunos países, como la guerra civil en Guatemala que inició en los 1960s y se prolongó hasta más allá de los 1970s, y la dictadura de Torrijos en Panamá durante los 1970s. Este estilo de desarrollo de la conservación inicialmente proteccionista, con un auge “protector en los 1970s” y luego más integral en lo social, en general a partir de los 1990s, es algo generalizable en casi toda la América Latina. Fuentes citadas: ANAM 2000 a y b, INPARQUES 1979, INPARQUES 1982, Mathison 1988, Merino 1986, Perera 1986, SINAC 1999; elaboración propia.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS DE LAS NOTAS:

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